Las mejores cosas de la vida son los dulces

Los postres son frutas o platos dulces que se sirven después de las comidas. Para algunas personas la hora del postre forma parte del momento más atractivo de la comida, ya que suelen ser los platos más coloridos de la mesa. Además, son un acompañamiento en cualquier momento del día, son dulces y en algunos casos agridulces. Los postres han sido considerados el broche de oro de las comidas. Cuando éste es de excelente calidad, resalta la satisfacción de los alimentos anteriores.
En esta cocina, el postre no es el final, es el momento más esperado. Aquí encontrarás el secreto para endulzar cada día con amor y un toque de azúcar.

🍫Rosquillas de Cacao y Avellana🍫

 

La máxima expresión del cacao en una masa frita, rosquillas de chocolate intenso con el toque crujiente y aromático de la avellana tostada. El capricho definitivo para los amantes del chocolate.






Ingredientes:


- 450 gr de harina
- 50 gr de cacao puro en polvo 
- 100 gr de azúcar glas 
- 2 huevos
- 80 ml de leche 
- 50 gr de mantequilla  en pomada.
- 1 sobre de levadura.
- 50 gr de avellanas tostadas muy picadas (casi polvo) mezcladas con la harina.



Preparación



En un bol grande, tamizamos los 450 gr de harina, los 50 gr de cacao puro y el sobre de levadura. Añadimos los 50 gr de avellana tostada muy picada (casi como una harina gruesa) y la pizca de sal. Mezclamos bien la avellana con la harina evita que se formen grupos de grasa.


En otro recipiente, batimos los 2 huevos con los 100 g de azúcar glas hasta que la mezcla esté blanquecina y espumosa. Añadimos los 50 gr de mantequilla pomada  y los 80 ml de leche. Mezclamos hasta que la mantequilla esté totalmente integrada.


Vamos incorporando los ingredientes secos a los húmedos poco a poco. Empezamos con una espátula y terminamos trabajando con las manos sobre la encimera. Debemos obtener una masa oscura, brillante y elástica.


Dejamos descansar la masa tapada con un paño unos  30 minutos. Al llevar cacao y avellana, la masa necesita asentarse para que los sabores se potencien y sea más fácil de bolear.


Formamos las rosquillas haciendo bolitas del tamaño de una nuez y abriendo el centro con el dedo. Las freímos en aceite de girasol a temperatura media.


Al ser oscuras por el cacao, cuesta más ver si se queman, así que mantenemos el fuego controlado para que se hagan bien por dentro sin chamuscarse por fuera.


Al sacarlas, podemos pasarlas por azúcar normal, pero para que sean inolvidables de verdad, dejamos que se enfríen un poco y sumergimos solo la mitad en un glaseado de chocolate negro derretido y espolvoreamos un poco más de avellana picada por encima.



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