Las mejores cosas de la vida son los dulces

Los postres son frutas o platos dulces que se sirven después de las comidas. Para algunas personas la hora del postre forma parte del momento más atractivo de la comida, ya que suelen ser los platos más coloridos de la mesa. Además, son un acompañamiento en cualquier momento del día, son dulces y en algunos casos agridulces. Los postres han sido considerados el broche de oro de las comidas. Cuando éste es de excelente calidad, resalta la satisfacción de los alimentos anteriores.

En esta cocina, el postre no es el final, es el momento más esperado. Aquí encontrarás el secreto para endulzar cada día con amor y un toque de azúcar.


Torrijas a la vainilla con guindas en almíbar



Esta variante de la torrija sustituye el aroma de canela por la calidez de la vainilla, logrando una textura cremosa que se deshace en el paladar. El toque final lo aportan las guindas en almíbar, que añaden una nota de color vibrante y una explosión de dulzor frutal en cada bocado. Es un postre equilibrado que eleva un clásico de la repostería popular a un nivel más sofisticado y goloso.




Ingredientes:


- 1 Barra De Pan del día anterior
- 50 gr de Azúcar
- 1 taza de Leche
- 1 vaina de Vainilla
- 2 Huevos
- medio limón
- 1 vasito de Aceite De Oliva
- Azúcar Glas
- 1 bote de Guindas En Almíbar



Preparación



Lavamos el limón, lo secamos con papel de cocina y lo pélamos, evitando la parte blanca. Con un cuchillo afilado, hacemos un corte longitudinal a la vaina de vainilla y reservamos.


Colocamos la leche con el azúcar, la piel del limón y la vainilla en un cazo. Calentamos, a fuego suave y removiendo despacio con una cuchara de madera, hasta que el azúcar se haya disuelto. Llevamos a ebullición y retiramos. Dejamos enfriar y eliminamos la vainilla y la piel del limón.


Cascamos los huevos en un bol o plato hondo y los bátimos, con varillas, hasta que veamos que empiezan a estar espumosos.


Cortamos el pan duro en rebanadas, ligeramente en diagonal. Añadimos las rebanadas a la leche y las dejamos en remojo hasta que estén empapadas, pero no demasiado tiempo. Las escurrimos y las pásamos después por el huevo batido.


Ponemos al fuego una sartén con el aceite. Cuando esté bien caliente, pero sin que llegue a humear, incorporamos las rebanadas de pan rebozadas  y  las freímos, por tandas, durante 1 minuto por cada lado. Lo mejor es no poner muchas a la vez.

Las escurrimos sobre papel absorbente y las espolvoréamos al gusto con azúcar glas.

Las decóramos con las guindas y un hilito de su almíbar y servimos enseguida.


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