Estos muffins transforman la clásica tarta de zanahoria en un bocado tierno, jugoso y reconfortante. La dulzura de la leche condensada se fusiona a la perfección con el toque crujiente de las nueces y el aroma cálido de las especias. Un capricho tierno y esponjoso, ideal para disfrutar de un sabor casero en un formato individual perfecto para cualquier momento del día.
Ingredientes:
- 100 gr de zanahorias ralladas
- 40 ml de aceite de girasol
- 120 gr de harina
- 2 huevos medianos
- 10 gr de levadura química
- 25 gr de nueces picadas
- 1/2 cucharadita de canela en polvo
- Una pizca de nuez moscada
Preparación
Antes de empezar a mezclar los ingredientes, encendemos el horno a 170º C con calor arriba y abajo para que vaya alcanzando la temperatura adecuada. Colocamos los moldes de papel dentro de las cavidades de una bandeja rígida para magdalenas, lo que ayudará a que mantengan una forma perfecta durante el horneado.
En el vaso de la batidora o en un procesador de alimentos, introducimos los dos huevos, la leche condensada, el aceite de girasol y la zanahoria rallada. Trituramos todo a velocidad media durante un par de minutos hasta conseguir una base líquida homogénea y uniforme.
En un cuenco aparte, pasamos la harina y la levadura por un tamiz o un colador fino para eliminar los posibles grumos. Añadimos estas harinas tamizadas a la mezcla líquida anterior, junto con las nueces picadas, la media cucharadita de canela en polvo y la pizca de nuez moscada. Mezclamos todo con suavidad utilizando una espátula o unas varillas manuales, realizando movimientos envolventes justo hasta que la harina se integre por completo y no queden zonas secas.
Con la ayuda de una cuchara o una manga pastelera, distribuimos la masa en los moldes de papel que habíamos preparado, llenándolos únicamente hasta las tres cuartas partes de su capacidad para dejar espacio suficiente para que suban.
Introducimos la bandeja en la parte central del horno y horneamos las magdalenas durante unos 15 o 17 minutos. Sabremos que están listas cuando al pinchar el centro de una de ellas con un palillo, este salga completamente limpio y la superficie tenga un bonito tono dorado.
Al sacarlas del horno, las dejamos reposar dentro de la bandeja rígida unos cinco minutos para no quemarnos. Después, las transferimos a una rejilla metálica para que terminen de enfriarse por completo, evitando así que el fondo del papel se humedezca antes de servirlas.
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