Las mejores cosas de la vida son los dulces

Los postres son frutas o platos dulces que se sirven después de las comidas. Para algunas personas la hora del postre forma parte del momento más atractivo de la comida, ya que suelen ser los platos más coloridos de la mesa. Además, son un acompañamiento en cualquier momento del día, son dulces y en algunos casos agridulces. Los postres han sido considerados el broche de oro de las comidas. Cuando éste es de excelente calidad, resalta la satisfacción de los alimentos anteriores.

En esta cocina, el postre no es el final, es el momento más esperado. Aquí encontrarás el secreto para endulzar cada día con amor y un toque de azúcar.


Mermelada de fresa y ruibarbo


Una deliciosa mermelada casera en la que combinamos el dulzor de las fresas con el característico toque ácido del ruibarbo. El azúcar moreno aporta un sabor más profundo y aromático, consiguiendo una mezcla equilibrada y muy especial. Una receta sencilla para disfrutar de una mermelada diferente, perfecta para nuestras tostadas del desayuno, para acompañar un postre o simplemente para darnos un capricho dulce en cualquier momento.








Ingredientes:


- 500 gr de fresas
- 500 gr de ruibarbo
- 500 gr de azúcar moreno
- 1 limón
- 1 cucharadita de gelificante para mermeladas
- 1 cucharada de azúcar



Preparación




Lavamos las fresas, retiramos los pedúnculos y las cortamos en trozos. Limpiamos el ruibarbo y lo cortamos también en trozos pequeños.


Ponemos la fruta en una cazuela amplia y añadimos el azúcar moreno y el limón cortado en rodajas.


Cocinamos a fuego medio, removiendo de vez en cuando con una cuchara de madera, hasta que la fruta se vaya deshaciendo y la mezcla reduzca. Dejamos que se evapore el exceso de líquido sin subir demasiado el fuego para evitar que se pegue.


Después de unos 20 minutos, bajamos el fuego.


Mezclamos el gelificante con una cucharada de azúcar y lo incorporamos poco a poco a la mermelada, removiendo continuamente para evitar que se formen grumos.


Cocinamos unos 10 minutos más a fuego suave, removiendo de vez en cuando.


Para comprobar la consistencia, ponemos una pequeña cantidad de mermelada en un plato y dejamos que se enfríe. Comprobamos entonces si tiene la textura y el punto de dulzor que buscamos. Si fuera necesario, podemos añadir un poco más de gelificante mezclado con azúcar y cocinar unos minutos más.


Retiramos las rodajas de limón.


Repartimos la mermelada todavía caliente en tarros de cristal previamente esterilizados, dejando un pequeño espacio hasta el borde. Cerramos bien y dejamos enfriar.


Una vez fríos, comprobamos que los tarros hayan quedado correctamente cerrados y los conservamos en un lugar fresco, seco y protegido de la luz.



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