En primer lugar, la calabaza debe ser asada. Podemos optar por hornearla, o la freidora de aire. También es posible cocinarla al vapor o hervirla, pero el sabor ahumado del asado realzará el bizcocho de manera excepcional.
Una vez que la calabaza esté tierna por el asado, procedemos a triturarla hasta obtener un exquisito puré que reservaremos.
Seguidamente, en un amplio recipiente, mezclamos los huevos y el azúcar. Con la ayuda de varillas manuales o eléctricas, batimos ambos ingredientes hasta que adquieran un tono más claro y su volumen se duplique.
Luego, incorporamos el aceite o la mantequilla. Mezclamos bien con los demás ingredientes.
Ahora es el turno del yogur griego natural. Puedes elegir uno azucarado o con algún sabor especial, según tus preferencias. Integramos el yogur en la masa.
A continuación, añadimos el puré de calabaza asada que habíamos preparado previamente. Mezclamos con cuidado, utilizando varillas o una espátula para evitar salpicaduras.
Agregamos una pizca de sal para realzar los sabores de los ingredientes.
Tamizamos la harina de trigo para evitar la formación de grumos y repetimos el proceso con la levadura química o polvos de hornear. Mezclamos todo nuevamente con la ayuda de una espátula.
Preparamos el horno precalentándolo a 180º C
Luego, vertemos la masa del bizcocho en el molde seleccionado. Es importante forrar el molde con papel vegetal o untar las paredes con mantequilla y harina para facilitar el desmoldado posterior.
Una vez el horno esté listo, colocamos el bizcocho a mitad de altura, con calor tanto arriba como abajo, y horneamos durante aproximadamente 45 a 50 minutos. Es recomendable comprobar si está hecho pinchándolo con un palillo antes de retirarlo del horno.
Por último, cuando el bizcocho alcance su punto perfecto, lo sacamos y lo dejamos enfriar completamente sobre una rejilla.
Pasados 10 minutos, lo desmoldamos con mucho cuidado de no romperlo y dejamos enfriar del todo sobre la rejilla antes de servirlo.
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